viernes, 20 de noviembre de 2015

''LOS MORATONES DEL CUERPO PASARÁN, PERO LOS DEL ALMA TARDARÁN MÁS EN IRSE. PIDE AYUDA.''


Mi vida era normal, es decir, tenía mi empleo de dependienta en una tienda de ropa, mi humilde casa, y mi marido en el que confiaba y no sospechaba en su horrible interior.
Los primeros cinco años todo transcurrió con normalidad, de lunes a viernes trabajábamos por lo que sólo nos veíamos a la hora de la cena, ya que mi marido comía fuera debido a la larga distancia que hay entre su trabajo y nuestra casa, y por las noches hablábamos sobre qué tal nos había ido el día, sobre los problemas que nos habían surgido… etc. Los sábados, si teníamos tiempo comíamos fuera de casa y aprovechábamos para ir al cine, afición que compartíamos los dos. Y los domingos nos reuníamos con la familia, un fin de semana con la suya y otro con la mía.
Después empezaron a surgir problemas, dejamos de ir a comer los domingos con mi familia, porque decía que se aburría, que mi familia era una “panda” de locos, y bastantes improperios ofensivos. Olvidamos las costumbres para transformar nuestra vida en una rutina de trabajo y sin amor.
Mi marido empezó a tener graves problemas en el trabajo, llegaba a casa enfadado y lo pagaba conmigo, no paraba de criticar mi discapacidad, decía que tenía tan mala suerte en la vida porque su mujer era fea, o sea, yo. Yo intentaba suavizar las cosas diciéndole que con mi trabajo podríamos mantenernos, y a lo cual me respondía que como puta no me ganaba ni “dos duros”. Me pegaba constantemente, de manera brutal y cuando la gente empezó a percatarse de lo que ocurría decía que yo era una patosa y que me caía constantemente. Y ahí es cuando empecé a darme cuenta de que mi vida no tenía sentido, que tenía que escapar de esa cárcel, que sólo me hacía sentir dolor, tenía que sacar fuerzas y valor y encararme contra el, pero de manera lógica y por eso puse esta denuncia. He contado con el apoyo de mi familia y amigos, vivo en casa de mis padre desde hace dos semanas, no me atrevo a salir a la calle, aunque sé que él está en espera de juicio, tengo miedo… yo ya no sé lo que siento… miedo, odio, amor… pero sé que él por mí no siente nada, me considera igual que un animal, no quiero seguir sufriendo… quiero una vida nueva…

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